"El que mira cap a fora, somnia,el que mira endins, desperta."

"El que negues, et sotmet, el que acceptes, et transforma." Jung


El moment és ARA. Em reconnecto. Jo sóc poder aquí i ara. Jo sóc amor en acció


Mis pasos en el camino - Les meves passes en el camí

1.3.13

¿En qué momento dejamos de amar?




La pérdida de la inocencia

Los humanos somos, por naturaleza, seres muy sensibles. Pero si tenemos una sensibilidad tan elevada es porque percibimos todas las cosas a través del cuerpo emocional.

Este cuerpo emocional es como un aparato de radio que se puede sintonizar para percibir determinadas frecuencias o bien para reaccionar frente a otras.

La frecuencia normal de los seres humanos 
antes de la domesticación se ajusta 
en la exploración y el disfrute de la vida; 
estamos sintonizados para amar.

De pequeños no definimos el amor como un concepto abstracto, sólo lo vivimos.

Es tal como somos.Tanto el cuerpo emocional como el cuerpo físico cuentan con un componente parecido a un sistema de alarma que nos permite saber cuándo algo no va bien.

En el caso del cuerpo físico este sistema de aviso es lo que denominamos dolor.

Cuando sentimos dolor es porque hay algún problema en nuestro cuerpo, algo que es necesario examinar y sanar. En el caso del cuerpo emocional, el sistema de alarma es el miedo. Siempre que sentimos miedo es porque alguna cosa no va bien. Quizá corra peligro nuestra vida.

El cuerpo emocional percibe las emociones, pero no a través de los ojos. Las emociones se perciben a través del cuerpo emocional.

Los niños sencillamente «sienten» emociones, pero su mente racional no las interpreta ni las cuestiona. Esta es la razón por la que aceptan a determinadas personas y rechazan a otras. Cuando no se sienten seguros cerca de una persona, la rechazan porque son capaces de sentir las emociones que esa persona proyecta.

Los niños perciben fácilmente cuando alguien está enfadado, ya que su sistema de alarma les provoca un pequeño miedo que les dice: «No te acerques», y siguiendo su instinto, no lo hacen.

Aprendemos a tener un determinado estado emocional
 según la energía emocional que impregne nuestro hogar 
y de cómo reaccionemos personalmente a esa energía. 


A eso se debe que cada componente de la familia, aunque sean hermanos, reaccione de un modo diferente dependiendo de la manera en que haya aprendido a defenderse a sí mismo y a adaptarse a las circunstancias.

Cuando los padres se pelean constantemente, falta la armonía y el respeto entre ellos, y se mienten, los niños siguen su ejemplo emocional y aprenden a ser como ellos. Y aunque les digan que no sean así y que no mientan, la energía emocional de sus padres y de toda su familia les hará percibir el mundo de una manera similar.

La energía emocional que impregne nuestro hogar sintonizará nuestro cuerpo emocional con esa frecuencia.
El cuerpo emocional empieza a cambiar su sintonización y llega un momento que deja de ser la sintonización normal del ser humano.

Jugamos al juego de los adultos, jugamos al juego del Sueño externo y perdemos.

Perdemos nuestra inocencia, 
perdemos nuestra libertad, 
perdemos nuestra felicidad 
y nuestra tendencia a amar.

Nos vemos forzados a cambiar y empezamos a percibir otro mundo, otra realidad: la realidad de la injusticia, la realidad del dolor emocional, la realidad del veneno emocional.

Bienvenidos al infierno: el infierno que los seres humanos crean, el Sueño del Planeta.


Somos bienvenidos a este infierno, pero no lo hemos inventado nosotros. Ya esta ba aquí antes de que naciésemos.

Si observas a los niños podrás ver 
cómo se destruye el amor verdadero 
y la libertad.

Imagínate a un niño de dos o tres años que corre y se divierte en el parque. Mamá está mirando al pequeño y tiene miedo de que se caiga y se lastime. Entonces se levanta para detenerlo, pero el niño, creyendo que está jugando con él, intenta correr todavía más deprisa. Los coches pasan cerca, por una calle próxima, y eso intensifica todavía más el miedo de mamá hasta que, finalmente, lo atrapa.

El niño espera que ella se ponga a jugar con él, y sin embargo lo único que recibe es una azotaina. ¡Boom! Esto le causa un sobresalto.

La felicidad del niño no era otra cosa que la expresión del amor que emanaba de él, pero después de eso es incapaz de comprender por qué su madre actúa de ese modo.

Con el tiempo, este tipo de sobresalto acabará por bloquear el amor...


Extracto del libro:
LA MAESTRIA DEL AMOR
Sabiduría Tolteca
Dr. Miguel Ruiz





Camino del amor blog fuente

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