"El que mira cap a fora, somnia,el que mira endins, desperta."

"El que negues, et sotmet, el que acceptes, et transforma." Jung


El moment és ARA. Em reconnecto. Jo sóc poder aquí i ara. Jo sóc amor en acció


Mis pasos en el camino - Les meves passes en el camí

7.4.13

Mitote: El Sueño de lo Real


Marc Torra
«Aquello que llamamos ‘realidad’ es un sueño de consenso, un sueño que compartimos, como cuando en círculo nos damos la mano para ponernos a danzar. Comprender eso es la primera condición para poder alterarlo.»
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ETIMOLÓGICAMENTE, LA PALABRA mitote proviene de «mitotiqui», que en náhuatl significa ‘danzante’. Actualmente, la palabra sirve para designar un alboroto, tumulto o vocerío. Sin embargo, en el pasado designó las danzas sagradas practicadas por muchos antiguos pueblos del actual México, como los mexicas, huicholes o coras, o de los EEUU, como la Nación comanche o apache. Todos son, en definitiva, pobladores del Anáhuac. Uno de los pocos remanentes que quedan de esas antiguas danzas proceden los guerreros nayarities, actualmente más conocidos como pueblo Cora, etnia que vive al oriente del estado de Nayarit en México. Ellos la llaman ‘bailes en círculo’.
En ese mitote sagrado, la palabra adquiere un significado mucho más profundo. A dicho nivel se refiere a otra danza, a la danza divina de la Creación. Su equivalente más cercano tal vez lo encontremos en el concepto de «rasa lila» con el cual los Puranas(escrituras sagradas de la India) nos describen las danzas de Krishna con las gopis(cuidadoras de vacas). “Danzó con ellas de tal forma que cada una se sintió especial, como si estuviera bailando sólo con ella.”
Rasa se refiere a la danza, mientras que Lila significa literalmente ‘pasatiempo’, ‘juego’ o ‘diversión’. Con dichas palabras se está describiendo al Universo como resultado de la danza del Creador, de su pasatiempo. Brahman, el Creador, en su danza, proyecta «maya», la realidad ilusoria de un mundo aparente. La palabra sánscrita maya describe el poder mágico creativo de la divinidad para transformarse a si misma en Universo y manifestarse a través de cada expresión de consciencia. Se manifiesta como hace Krishna, que todo y ser uno, danza con cada una de las gopis, haciendo que se sientan especiales.
Maya describe esa realidad ilusoria, en la que la realidad está fabricada del material de los sueños. El mundo que nos rodea es aparente, pues lo estamos proyectando en cada instante, a partir de nuestras mentes. Lo proyectamos de acuerdo a las experiencias que nos toque o hayamos elegido vivir. Pero al mismo tiempo, esa realidad la compartimos, haciendo que nuestras experiencias encajen con las del otro ¿Cómo es eso posible? Ese es justamente el poder de maya o de la mente: hacernos percibir el mundo a través de aquel quien creemos ser (el ego), cuando en realidad todos somos uno (la consciencia).
Dado que en realidad somos uno, aquello que le hagamos al otro, en realidad nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. No es que nuestras acciones se nos regresen por un acto del destino, para premiar las buenas acciones y castigar las malas. Es que esas mismas acciones nunca se las hicimos a nadie más que a nosotros mismos. Esa es la verdadera ley del «karma», palabra sánscrita que justamente significa ‘acción’. Karma es el cúmulo de todos los pensamientos, deseos y acciones llevados a cabo en el pasado, pero cuyos efectos aun no hemos experimentado.
En el ámbito material, el karma se manifiesta como la fuerza aglutinadora que une las partículas elementales para formar átomos, los átomos para constituir moléculas, las moléculas para establecer organismos, y los organismos para crear mundos, galaxias y universos. Se manifiesta como cualquiera de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, llamadas por la Ciencia: interacción nuclear débil, interacción nuclear fuerte, fuerza electromagnética y fuerza gravitatoria.
En el ámbito mental, es la fuerza que da cohesión a esa danza, al ‘baile en círculo’ no sólo de los guerreros nayarities, o de Krishna con las gopis, sino de todas las expresiones de la consciencia única. En ese círculo, nos damos la mano con aquellos con los que hemos creado lazos kármicos, para así percibir una ‘realidad común’.
En el ámbito espiritual, mientras que maya nos hizo creer que estábamos separados, el karma está allí para que no olvidemos que en realidad somos uno.
Como resultado se van creando círculos de danzantes. Por ejemplo, círculos cósmicos, galácticos, solares o planetarios. En cada uno de ellos estarán presentes todas las expresiones de consciencia que habiten aquellas realidades a las que denominamos respectivamente: Universo, Vía Láctea, Sistema Solar y planeta Tierra. También existe otro círculo de danzantes que aglutina a todos los seres humanos que habitamos el planeta Tierra en este preciso instante. A éste lo llamo círculo del Mastay. Otro que une a una determinada cultura o pueblo, principalmente a través de su idioma, sus valores, costumbres y tradiciones. Así como círculos de danzantes que nos vinculen al lugar de procedencia, o a la familia en la que nacimos, etc. Las diversas realidades o sueños de consenso van, pues, conformando todo un conjunto de circunferencias, que interseccionan y se contienen las unas a las otras.
A éstos yo los llamo círculos de consenso, pues para alterar ciertos aspectos del sueño colectivo, necesitamos el consenso de todos aquellos con los que estemos compartiendo esa danza. De ahí que cada círculo defina sus propias reglas, para delimitar entre lo posible y lo improbable, o entre lo aceptado y lo que no. En el sueño de una cultura, constituyen las normas sociales de comportamiento. En el sueño de la raza humana, ponen límites a nuestras habilidades físicas y mentales. En el sueño de la materialidad, se las llama leyes fundamentales de la física. Dichas leyes rigen el plano material y nos impiden, por ejemplo, que podamos transmutar instantáneamente la materia con el simple pensamiento.
Sin embargo, transmutar la materia con el pensamiento si es posible en ese otro plano, el onírico; si es posible cuando fuera de nuestro cuerpo físico, y por ello sin estar sujetos a las limitaciones que el sueño de consenso de la materialidad nos impone, tomamos consciencia de estar soñando. A eso se le llama tener un sueño lúcido. Pero para lograrlo, debemos darnos cuenta de estar soñando, ya que cuando en el mundo onírico nos creemos el sueño, quedamos a merced del mismo, quedamos como sujetos indefensos que aceptan todo lo que les sucede, por absurdo que después nos parezca. Será entonces que al despertar, nos preguntemos: ¡cómo pude creerme semejante tontería!
Cuando nos creemos un sueño, quedamos sujetos a las limitaciones por éste impuestas. Y lo mismo nos sucede en el estado de vigilia. Cuando nos creemos el sueño de la materialidad, para llamarlo ‘realidad’ y así diferenciarlo de la fantasía, quedamos atados a las leyes físicas de la ‘realidad’ que hemos fabricado. Mientras que aquellos que hayan alcanzado el suficiente nivel de lucidez; ellos están despiertos y como tales, no se creen el sueño de la materialidad. Ellos saben que es una proyección de si mismos, cosa que les permite multiplicar panes y peces, multiplicarse a si mismo para danzar con las gopis, así como llevar a cabo otros milagros.
El mitote simboliza pues el sueño de consenso de una colectividad. Es esa danza sagrada apache, comanche, mexica, cora o huichol, en la que la comunidad entera se unía en ritual para proyectar de forma consensuada la realidad que querían vivir. Y cuando la comunidad es la humanidad entera, mitote es esa otra danza, a la que llamo del Mastay, en la que la humanidad podrá algún día reencontarse, para con su danza, alcanzar un propósito común. Es la danza que nos dice “que otro sueño es posible”.
Cambiar de mitote implica cambiar de paradigma social; cambiarlo por uno mejor, que se rija por unos nuevos valores, otras metas sociales, un nuevo sistema económico, y unas relaciones sociales más armoniosas. Significa cambiar de contrato social, rescindiendo el anterior para celebrar uno nuevo. E implica también recuperar nuestra relación perdida con el entorno. Pero, ¿podemos cambiar todo eso? Si que podemos, siempre y cuando se cumplan tres condiciones.
La primera ya la hemos comentado: tomar consciencia de que la ‘realidad’ no es más que un sueño. Ello debe permitirnos dejar de ser soñados, para empezar a soñar.
La segunda requiere alcanzar una masa crítica de seres humanos que deseemos ese cambio de paradigma social, para juntos proyectar un nuevo sueño de consenso, aquel que queramos ver realizado. Si no alcanzamos esa masa crítica, vamos a continuar inmersos en este mismo sueño. Si no abrimos los ojos, para exclamar con fuerza a los cuatro vientos: ¡cómo pude creerme semejante tontería!, vamos a continuar creyéndonos aquello en lo que la tontería puede transformarse: ¡en una estupidez aun mayor! La ciencia que estudia la dinámica de fluidos afirma que con que sea un 5% el número de los despiertos, el cambio es posible.
La tercera condición pide que la masa crítica del 5% se alcance en un momento del ciclo en la que el restante 95% pueda despertar con mayor facilidad. Es como si durmiendo, alguien entrara en nuestra habitación. Si en ese preciso instante nos encontráramos en la fase hipnagógica del sueño, en el umbral que existe entre el soñar y la vigilia, nos despertaríamos con relativa facilidad. Pero de estar en pleno sueño profundo, será mucho más difícil que notemos la presencia de ese intruso.
Es como plantar una tomatera. Si la plantamos en verano, seguramente crezca y de fruto, pero los tomates nunca llegarán a madurar, pues les faltaron horas de sol. Si la plantamos en otoño, la tomatera crecerá, pero la primera helada del invierno la matará, justo cuando apenas empezaba a florecer. Si la plantamos en invierno, nunca llegará ni tan siquiera a germinar, al necesitar para ello que el suelo haya alcanzado la temperatura adecuada. Para comer tomates, deberemos pues plantarla en primavera.
De ahí que los antiguos griegos poseyeran dos palabras para expresar el concepto de tiempo: «cronos», el cual se refiere a la mera suma de instantes temporales, y «kairós», concepto que se refiere al momento oportuno, al instante de sincronicidad en el que algo es alterable, por haber alanzando su instante de madurez, su sincronicidad con otros ciclos. Ese instante parece ser que ya ha llegado.
Son muchas las culturas que nos cuentan cómo los sueños de consenso se rigen por una periodicidad de aproximadamente 5000 años, de forma que cada cinco milenios resulta posible alterarlos. Cinco de dichos ciclos constituyen un año platónico de 25000 años, también llamado ciclo de precesión de los equinoccios. Las culturas que no olvidaron tales ciclos sagrados, nos cuentan cómo justo estamos despertando del sueño colectivo que rigió la fase invernal del ciclo, también llamada Edad de Hierro o Kali Yuga, y que ahora se acerca la primavera. Llegó pues el momento de despertar de un mitote, para plantar la semilla del próximo.
 2013, Marc Torra para mastay.info

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