Cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de lo grande”. decía Tagore. Sólo cuando reconocemos nuestros propios límites es cuando podemos ser más auténticos y reales. Según la Real Academia Española (RAE) la humildad es: “ La Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. ¿Pero realmente tenemos presente la humildad en nuestra vida? ¿O ni siquiera pensamos en ella? 

 La humildad propia
De vez en cuando me va bien repetirme que….no, no se todo. Por ser psicóloga y terapeuta no significa que sea capaz de llegar a la luna, ni a la esquina de enfrente. No tengo las respuestas a todas las preguntas, ni en mi vida personal, ni que digamos en mi vida profesional. Siempre les digo a mis pacientes que, yo sé (un poco) de psicología, pero que ellos son los expertos de sí mismos. 
La misma persona, que soy en mi trabajo, soy en mi vida personal. Con mis defectos y mis virtudes. Cada día, aprendo de mis pacientes/clientes, me nutro de sus conclusiones, de sus “darse cuenta” y de sus descubrimientos.
La consciencia de mis propios límites, produce resonancia con la persona que viene a terapia, quién también va aprendido, si quiere, y se lo permite, de saber estar con lo que siente, con sus sensaciones físicas y paso a paso va sintiendo un deseo mayor de conocerse a sí mismo y pillarse en sus trampas.
Es aquí, donde entra la humildad por ambos lados. Por mi parte, la humildad de ponerme enfrente de la persona que viene a terapia, pudiendo ofrecer lo que puedo, sé, y dejarme estar con lo que siento. Por parte de la persona, la humildad de irse quitando capas, máscaras y personajes. Para en definitiva, mostrarse tal como es en un entorno seguro y así poder trasladar esa humildad en su vida cotidiana. 
La humildad como remedio
La humildad nos protege de el orgullo, la vanidad, y la soberbia. A veces, nos inflamos como globos. aparentando aquello que no somos. Nos vemos con la necesidad de falsificar la imagen de nosotros  mismos, para sentirnos amados, queridos y aceptados. En realidad, esta manera de actuar esconde inseguridades, miedo al rechazo y a no ser aceptado. 
La humildad pasa por decir: – ¡Esto es lo que soy, esto es lo que hay! Sin pretender aparentar más de lo que uno es, o dar más de lo que uno tiene para dar. 
Acercarse a la humildad significa conectar con lo sano de uno mismo, asumir lo que soy, sin florituras ni trampas, aceptar lo genuino y lo propio de cada uno. Mirar adentro nuestro, darnos cuenta de nuestras limitaciones, y también de nuestras virtudes. 
Humildad también es, conocer nuestros fracasos, nuestras falsedades y manipulaciones que realizamos con nosotros mismos, y por supuesto, con los demás. Conocer lo que mostramos y no somos, y ver que podemos estar sin máscara y sostenernos con nuestros propios pies. Con nuestras luces y nuestras sombras. 
El contacto con nuestro cuerpo, saber qué sensaciones físicas estamos sintiendo, atender a nuestro malestar y ser capaz de mostrarlo es una de las primeras cosas que nos puede ayudar desarrollar la humildad. 
Cuando cultivamos la humildad nos abrimos a la espontaneidad, a los errores y al dolor. También nos abrimos a la alegría, a la risa, al reconocernos, ni más ni menos que el de al lado, sino por igual. Por el contrario, cuando nos mostramos orgullosos o arrogantes, nos ponemos por encima, con aires de superioridad, para ocultar el miedo que tenemos. 
Desde la humildad nos abrimos al aprendizaje y a la escucha, a saber más de nosotros, y de los demás.En el lado opuesto, desde la arrogancia, hacemos como si lo supiéramos todo, y como si no tuviéramos nada más que aprender. Emitimos juicios y en realidad, no tenemos ni idea de lo que estamos hablando. Cuando nos comportamos, como seres arrogantes, construimos la ilusión de ser más importantes que los demás, para intentar sentirnos reconocidos.
Desde la humildad, aprendemos de cada experiencia, sacamos provecho a la vida, en su día a día. Al permitir que la vida nos enseñe, construimos unos buenos cimientos y podemos tomar las riendas de nuestra vida, desde un lugar humilde y sano para nosotros. Ya no somos víctimas de las circunstancias sino que nos responsabilizamos de nuestra vida. 
Humildad también significa, mostrar lo que hay sin trampa ni cartón. La humildad no entiende de ganar o perder solo sabe mostrar nuestra vulnerabilidad, y sostenernos desde ahí. Reconocer que no sabemos todo, que no siempre podemos triunfar y tener éxito. La humildad es enseñar nuestros propios límites, y saber convivir con ellos.